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Te duchas, limpias la piel, la hidratas. Y aun así, la piel se ve cansada, al tacto está áspera y la crema parece quedarse flotando en la superficie en lugar de absorberse. ¿Dónde está el error?
A menudo no está en lo que le das a la piel, sino en lo que no se va de ella. En la superficie se acumulan células cutáneas muertas que el cuerpo elimina de forma natural, pero no siempre con suficiente rapidez. La capa de células muertas puede hacer que la piel se vea más apagada y más áspera y también puede afectar a cómo se extienden y absorben los cosméticos.
Es precisamente aquí donde entra en juego la exfoliación. En este artículo analizaremos sus dos vías, mecánica y química, explicaremos cómo funciona cada una y, sobre todo, qué hay que vigilar para ayudar a la piel sin dañarla.
Contenido
La piel se renueva constantemente. Las células nuevas se forman en las capas más profundas de la piel, avanzan poco a poco hacia la superficie y, finalmente, las más externas se desprenden y descaman de forma natural. Este proceso se denomina descamación natural [4] y, en condiciones normales, la piel sana no necesita ayuda para realizarlo.
Con la edad, en la piel seca o bajo la influencia del entorno exterior, esta descamación natural puede no funcionar tan bien. Las células muertas pueden permanecer más tiempo en la superficie y el resultado ya lo conoces: la piel se ve más áspera, más apagada y su textura es menos uniforme.
La exfoliación es la eliminación dirigida de células muertas de la superficie de la piel. En esencia, apoyamos un proceso que se produce de forma natural en la piel.
En cosmética se utilizan dos vías fundamentalmente distintas:
Ninguna de las dos es «la mejor». Cada una tiene su lógica, sus puntos fuertes y sus riesgos. Vamos a analizarlas.
El peeling mecánico es la forma más antigua e intuitiva de exfoliación. En una base, que puede ser aceite, gel, manteca o una masa de jabón, se añaden partículas abrasivas. Al masajear la piel, estas partículas desprenden por fricción las células muertas de la superficie. El resultado es inmediato: tras aclarar, la piel se nota más suave al tacto.
En la cosmética casera y artesanal se utilizan diversos abrasivos naturales, desde polvos muy finos hasta granos más gruesos indicados para el cuerpo. Para el rostro es adecuado el polvo de escaramujo molido de calidad BIO, un exfoliante suave a partir de semillas de escaramujo trituradas, que tolera incluso la piel más sensible. El polvo de piedra pómez molida es adecuado, por ejemplo, para jabones exfoliantes y productos corporales, siendo el tamaño de partícula el principal factor que determina la intensidad del peeling. Para el cuerpo también han dado buenos resultados los peelings de sal, ya sean de sal marina gruesa, sal del Mar Muerto o sal del Himalaya finamente molida, pudiendo elegir la granulometría según la intensidad que la piel pueda tolerar. Se aplica una regla sencilla: cuanto más fina y sensible es la zona, más finas y pequeñas han de ser las partículas.
¿Y qué hay que vigilar? El mayor riesgo del peeling mecánico son las partículas afiladas e irregulares y la presión excesiva durante el masaje. Las partículas demasiado gruesas o afiladas, combinadas con una presión fuerte, pueden irritar la piel y alterar innecesariamente su barrera protectora. Por eso, en los peelings para zonas sensibles se eligen materiales molidos, redondeados o de grano fino, y se masajea con movimientos circulares suaves, sin presionar. Un peeling no es papel de lija, deben trabajar las partículas, no la fuerza de tu mano.
La exfoliación química prescinde de la fricción y, con la concentración y el pH adecuados, puede ser muy suave. No significa, sin embargo, que sea automáticamente más suave que el peeling mecánico: con los ácidos, no solo importa cuál utilices, sino también la cantidad presente en el producto y el pH al que actúa. Las sustancias activas ayudan a aflojar el «pegamento» que mantiene unidas las células muertas, que luego se desprenden con más facilidad de la superficie.
El grupo más conocido son los ácidos AHA (alfa-hidroxiácidos), que son hidrosolubles y actúan en la superficie de la piel. El ácido glicólico es uno de los AHA de menor tamaño y, al mismo tiempo, de los más intensos, por lo que conviene controlar especialmente la concentración y el pH final del producto. Una alternativa más suave es el ácido láctico, cuya sal, el lactato, forma parte de manera natural del factor hidratante de la piel. El ácido láctico se utiliza a menudo cuando queremos combinar exfoliación con un enfoque más delicado para pieles secas o sensibles.
Un complejo ya preparado de varios ácidos AHA puede simplificar considerablemente la formulación: en lugar de añadir ácidos individuales, se incorpora a la fórmula una sola materia prima en la dosificación recomendada por el fabricante. También en este caso es necesario comprobar y ajustar correctamente al final el pH del producto acabado.
El segundo grupo son los ácidos BHA (beta-hidroxiácidos), cuyo representante típico es el ácido salicílico. A diferencia de los AHA, el ácido salicílico es liposoluble y, por ello, resulta muy adecuado para la piel más grasa y la piel con tendencia a la obstrucción de los poros.
Además de AHA y BHA, existe la exfoliación enzimática, en la que enzimas proteolíticas, por ejemplo papaína (de la papaya) o bromelina (de la piña), ayudan a desprender las células muertas. Descomponen las estructuras proteicas implicadas en la cohesión de las células de la capa más externa de la piel y favorecen así su descamación. [3]
Otro grupo son los PHA — polihidroxiácidos. Químicamente son afines a los AHA y, al igual que ellos, apoyan la descamación natural de las células muertas de la superficie de la piel [1]. Sin embargo, tienen moléculas más grandes y, por ello, penetran más lentamente en la piel y suelen actuar de forma más suave. Entre los PHA, en cosmética se utiliza sobre todo el gluconolactona, cuyos grupos hidroxilo fijan agua, por lo que, además de exfoliar, contribuye también a la hidratación de la piel. En un medio acuoso se transforma poco a poco en ácido glucónico, por lo que, tras añadirlo, también puede cambiar el pH de la formulación.
Si dudas entre la vía mecánica y la química, empieza por tu propia piel, no por lo que esté de moda.
La exfoliación mecánica y la química se pueden combinar, pero con moderación. Si estás empezando con la exfoliación, mejor no alternarlas con demasiada frecuencia ni superponer varios peelings intensivos a la vez. Enrojecimiento, escozor, tirantez o descamación son señales de que la piel necesita un descanso.
Si elaboras tus propios peelings, merece la pena entender algunos principios que determinan el resultado.
En un peeling mecánico, lo más importante es el tamaño y la forma de las partículas. Los abrasivos finos son para las zonas más sensibles, el grano más grueso para el cuerpo, los pies o los codos. La forma de incorporarlas dependerá del abrasivo concreto y de la base a la que se añada.
Los peelings de sal y azúcar con base exclusivamente oleosa no contienen agua, lo que facilita su conservación. Sin embargo, hay que prestar atención a cómo se utilizan: si introduces los dedos mojados en el tarro de forma habitual o entra agua de la ducha, las condiciones cambian. Incluso en un producto anhidro, hay que pensar en cómo se va a utilizar en la práctica.
En un peeling químico, no solo importa la cantidad de ácido, sino también el pH de la formulación acabada. Cuanto más ácido es el medio, mayor es la fracción de ácido que permanece en la forma en la que puede exfoliar, pero también aumenta el riesgo de irritación. Por eso, el dato «5 % de AHA» por sí solo no indica qué tan intenso será el producto. [2] Dos formulaciones con la misma cantidad de ácido, pero con diferente pH, pueden comportarse de forma muy distinta sobre la piel.
Al ajustar la concentración y el pH, también hay que tener en cuenta cuánto tiempo permanece el producto sobre la piel y si se aclara o no. Por tanto, sigue siempre la dosificación y el pH recomendados para la materia prima concreta, no una fórmula general para todos los ácidos.
En el caso del ácido salicílico, además, hay que recordar que su uso y sus concentraciones máximas en cosmética están regulados por la legislación europea en función del tipo de producto.
Y una regla por encima de todas las demás: prueba siempre cualquier peeling nuevo, especialmente los de ácidos, primero en una zona pequeña de piel. Al usar ácidos AHA de forma regular, no olvides la protección solar. Los AHA pueden aumentar la sensibilidad de la piel a la radiación UV durante su uso. [5]
La exfoliación no pone fin al ritual. Tras eliminar parte de las células superficiales, la piel no necesita otra dosis de activos intensivos, sino hidratación y cuidados suaves que refuercen su barrera protectora natural.
Para mascarillas y baños calmantes tras el peeling es apropiada, por ejemplo, la seda de avena, harina de avena coloidal conocida por su efecto suavizante sobre la piel. A continuación, puede aplicarse un sérum hidratante, una crema o un aceite vegetal ligero, según lo que mejor le siente a tu piel.
La exfoliación solo tiene sentido cuando la piel la tolera bien. Si está enrojecida, irritada, quemada por el sol, lesionada o se pela en exceso, no añadas peeling. Primero dale tiempo para recuperarse.
También es necesario ser prudente si ya estás utilizando otros activos intensivos o un tratamiento dermatológico. Más exfoliación no significa obtener resultados más rápidos: es muy fácil llegar al punto en el que, en lugar de una piel más lisa, aparezcan escozor, enrojecimiento y una barrera cutánea alterada.
La teoría se comprueba mejor en el taller. Para el cuerpo son adecuadas las pastillas exfoliantes o el peeling de ducha espumoso, donde la limpieza se combina con un suave peeling mecánico. Si quieres empezar de forma sencilla, un peeling de azúcar con carbón activo se prepara en pocos minutos, y un peeling corporal en gel muestra muy bien cómo se comportan las partículas en una base de gel.
La exfoliación no es un paso obligatorio en todas las rutinas ni un concurso para conseguir la piel más lisa posible. Es una forma de apoyar la descamación natural cuando la piel lo necesita. Elijas peeling mecánico, AHA, BHA o PHA más suaves, se aplica la misma regla: empieza de forma suave y observa cómo reacciona la piel.
El objetivo no es eliminar la mayor cantidad posible de la superficie. La capa córnea forma parte de la barrera protectora natural de la piel y la piel sana la necesita. Por eso, un buen peeling se reconoce no solo por la sensación de mayor suavidad tras su uso, sino también porque la piel se mantiene calmada, sin escozor, sin enrojecimiento y sin tirantez desagradable.